A una altitud de 800 metros sobre el nivel del mar y con condiciones agroclimáticas ideales, se cultivan nuestras cerezas, caracterizadas por su extraordinaria calidad y sabor. Su gran tamaño y el tiempo óptimo de maduración permiten extender el período de cosecha en suelos perfectos para su desarrollo.

Todo comenzó allá por 1978, cuando Máximo Polo arrancó parte de las viñas que había en nuestros campos para llevar a cabo una plantación de cerezos. Su yerno, Clemente Tomey, quien por aquellos años era transportista de frutas, tenía claro que la cereza era un cultivo más rentable que la viña, por lo que decidió continuar con esta apuesta. En 2012, Javier Tomey, hijo de Clemente, tomó la decisión de hacer una gran inversión en este cultivo, eliminando las plantaciones antiguas y ampliando la superficie hasta superar las 45 hectáreas de fincas.
Más de 40 años cuidando nuestra tierra para alcanzar una cereza de máxima calidad



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